Pablito sigue con la mira calibrada: clavó en el ángulo un centro pasado y se afirma como goleador. En el 2012 metió un tercio de todos sus goles en Boca.
Son las paradojas de un juego imperfecto como el fútbol: a Silva no le entra ninguna; a Mouche, todas. Pablito está con Mouche (¿significará mucha en francés?) puntería.
Casi todas le entran a Mouche. Hasta aquella jugadas que no se parecen a un remate al arco. Para pruebas, mirar lo que ocurrió a los 39 minutos del primer tiempo del partido de ayer: córner para Boca, le va a pegar Mouche, Riquelme lo apura, devuelve... Y ahí está Mouche, casi obligado por esa velocidad que le imprime Juan Román. ¿Qué hace? Levanta la cabeza para sacar un centro. En el área casi no hay camisetas de Boca. Pero Pablito le pega llovido, de la manera en que la ley de la gravedad sugiere que se deben mandar los pelotazos a la olla. Pero este pelotazo a la olla termina en el ángulo. Impotente, Marchesín casi se da la nariz contra el palo. Mouche lo grita.
Pablito ya suma cuatro goles en el 2012. Esto representa la tercera parte de su carrera en Boca: 12 goles en 114 partidos. Los números hoy están de su lado. El juego, no tanto. Anoche, antes y después del 1-0, le costó desbordar, no pudo transformar su cambio de ritmo en peligro y ni siquiera sacó uno de sus centros picantes. Bah, sacó uno que valió un gol. Porque está con Mouche puntería el 7 bravo.

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